¿por qué existe este blog?

Guadalupe Domínguez es hija de un maltratador, estuvo involucrada en numerosas relaciones codependientes durante su adolescencia y gran parte de su juventud. Aprendió a salir de las relaciones disfuncionales estudiando su propio caso y muchos más, buscando ayuda profesional y, sobre todo, rompiendo el silencio. Este blog pretende ayudar a quienes, como ella, tratan de hallar la manera de dejar atrás el llanto y comenzar a vivir sin sufrimiento.

viernes, 10 de mayo de 2013

Fui llanto, pero ahora soy sonrisa. Una pequeña presentación

Mi nombre es Guadalupe Domínguez y soy hija de un psicópata. Lo de psicópata es una simple descripción técnica, que suena muy apropiadamente a Hannibal Lecter y a risas macabras en la televisión. Sin embargo, cuando conoces a mi padre lo que te encuentras es a un viejito adorable, ese tipo de hombres que en su momento parecía el padre ideal, el ejecutivo modelo, y después, el abuelito que todos soñamos tener. Era el señor que contaba los mejores chistes, el que sabía tratar a todo el mundo, el adorable, el inteligente...

Sin embargo en casa la realidad que vivimos fue muy diferente. Él no gritaba, al menos durante mi infancia nunca trató de golpear a nadie. Hablaba bajito y no decía groserías. Pero todos los que vivimos con él fuimos víctimas del maltrato psicológico más brutal que existe. Mi madre, que otrora había sido la más bella de la cuadra, llegó a pesar 90 kilos y sufrió de un cuadro de disociación de la personalidad. Mi hermano mayor tocaba la guitarra 14 horas al día para no tener que salir al mundo, mientras tomaba dos litros de coca cola y fumaba 2 cajetillas de cigarros al día. Mi hermano el de en medio se metía toda droga que encontrara en su camino y yo tuve un serio problema de mitomanía infantil (es poco común que de en niños), fui abusada sexualmente en dos ocasiones, estuve a punto de suicidarme a los catorce, desarrollé anorexia y bulimia desde los 12, sufrí de bullying... es decir, tuve casi todos los problemas derivados del maltrato que un niño puede tener.

En casa todos sobrevivimos, algunos mejor que otros. Mamá se ha convertido en la mujer hermosa y cuerda que ha sido siempre, con una sabiduría que sólo la supervivencia puede dar. Yo no me volví loca porque siempre tuve la escritura de mi lado, y a los 18 años me alejé de todo ese sistema enfermo que sólo me hacía sentir miserable. Pero con el tiempo descubrimos que la peor parte del abuso infantil es aprender a vivir sin caer una y otra vez en relaciones destructivas.

"Edipo me jode" solía decir hace algunos años. En el amor mi vida ha sido un desastre, de un maltratador a otro, de una decepción a otra. Mis amistades, salvo algunas contadas y honrosas excepciones, también me hacían sentir infeliz. Era incapaz de estar con gente positiva, no sabía, nadie me había enseñado. Así que me hice un propósito: aprender todo de nuevo, NI UNO MÁS, me prometí a mí misma en mi cumpleaños 20. Ni un infierno más.
No ha sido un camino fácil. He leído, investigado, observado. Resulta que el cine está lleno de ejemplos de cómo logran los maltratadores ponernos bajo su pata. Y que a veces quedarse completamente solo es el primer paso para rodearse de gente que valga la pena. Hoy tengo pocos amigos y poca familia, pero todos me tratan bien. Papá está lejos, y aún no logro enamorarme de un hombre que no me lastime. Pero sé que voy a lograrlo.

Este blog lo abro para contarles cómo fue que conseguí volver el llanto pasado. Fuimos llanto, pero hoy somos sonrisas.

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