¿por qué existe este blog?

Guadalupe Domínguez es hija de un maltratador, estuvo involucrada en numerosas relaciones codependientes durante su adolescencia y gran parte de su juventud. Aprendió a salir de las relaciones disfuncionales estudiando su propio caso y muchos más, buscando ayuda profesional y, sobre todo, rompiendo el silencio. Este blog pretende ayudar a quienes, como ella, tratan de hallar la manera de dejar atrás el llanto y comenzar a vivir sin sufrimiento.

martes, 14 de mayo de 2013

La historia de cómo dejé de ser una víctima.

Cuando comencé a ir al psicólogo, a los 20 años, la palabra que mejor podría definirme era MIEDO.  No salía de la casa sola porque cuando andaba por la calle sentía que había un violador detrás de cada puerta. No podía ver a un hombre de estatura mediana, panza y calva de coronilla con cabellos blancos porque sentía que era mi padre que por fin había logrado localizarme e intentaría matarme. No podía entrar a un hospital porque sentía que me infectaría de todo y nadie podría detectármelo hasta que me hicieran una autopsia que ya no tendría demasiado sentido.

Sí, las víctimas siempre sentimos mucho miedo. Eso es lo que no dicen las películas de terror, que cuando sobrevives al monstruo y nadie muere en tu familia, cuando ya pasó la cena familiar en que todos sonríen (siempre en las películas de terror hay una sonrisa familiar en la última escena), todos vuelven a casa y respiran el miedo. Este mundo no es un lugar seguro para vivir, y cuando uno ha aprendido eso, seguir caminando es difícil. Las pupilas dilatadas no se acaban porque hayas sobrevivido a un monstruo, siempre hay muchos más.

Curiosamente, no fue el ir al psicólogo lo que cambió mi vida y me alejó del miedo. Fue mi siempre voraz y un tanto morbosa curiosidad por los asesinos seriales. Quería entenderlos, escribir libros sobre ellos. Me imaginaba siendo la nueva Poe, y me definía a mí misma como asesina serial de personajes. Así que cuando vi los letreros sobre el nuevo curso de Asesinos Seriales, impartido por Ricardo Ham (quien ayudó a atrapar a la Mataviejitas), no dudé en inscribirme.

Nunca hubiera pensado que en ese curso encontraría las dos grandes verdades de mi vida. La primera, de la que hablaré luego y muy seguido, es que mi padre es un psicópata. Y la segunda, quizá aún más importante, cómo eligen los maleantes a sus víctimas. La respuesta me pareció sorprendente, inquietante y reveladora, pero sobre todo, me dio un camino para salir de mi infierno personal: los delincuentes eligen a quien tiene miedo.

Ja. 
A que no lo esperaban. Se pueden imaginar mi rostro atónito ante la noticia. El miedo que se suponía conservaba para protegerme de los males... ¡¡era el que me hacía vulnerable!! Investigando encontré que todos, desde los ladrones hasta los asesinos seriales, parecen olerlo. Se nos nota, camina uno un poco encorvado, los ojos demasiado abiertos. Y ahí entendí, entendí por qué me violaron en repetidas ocasiones, por qué me acosaron tantos tipos malos, por qué me siguieron, me aterraron. Porque dejé que me espantaran.

Desde entonces no tengo miedo. Fue un reto aprender a des-horrorizarme, pero si lo piensan bien, es una gran motivación saber que tu miedo te pone una sirena ruidosa que llama a todos aquéllos que te aterran, ¿verdad?. Así que el primer paso para sobrevivir, y aquí se los dejo de tarea, es:

aprende a dejar atrás el pasado y a vivir SIN MIEDO


Luego resolverás el resto. O al menos así lo hice yo. Pero el paso uno es asegurarte de que no vuelvas a caer en las mismas tétricas manos que te hirieron. Nunca más, y para eso tienes que dejar de ser una víctima. Eres más que eso, eres el (o la ) fregona que salió adelante y sobrevivió. No cualquiera puede, y tú pudiste. Sigue viviendo. Desde entonces no me violan, y hace años que nadie intenta asaltarme, matarme o lastimarme. A veces, cuando estoy muy enojada, incluso lamento que no se atrevan porque me dan ganas de golpear a algún asaltante. Pero cuando estoy así de enojada, puedo atravesar a la media noche la zona más peligrosa de mi ciudad y no hay quien se atreva a atacarme. Es simple: esa gente es tan cobarde que siempre atacan al débil. Y yo dejé de serlo.



viernes, 10 de mayo de 2013

Fui llanto, pero ahora soy sonrisa. Una pequeña presentación

Mi nombre es Guadalupe Domínguez y soy hija de un psicópata. Lo de psicópata es una simple descripción técnica, que suena muy apropiadamente a Hannibal Lecter y a risas macabras en la televisión. Sin embargo, cuando conoces a mi padre lo que te encuentras es a un viejito adorable, ese tipo de hombres que en su momento parecía el padre ideal, el ejecutivo modelo, y después, el abuelito que todos soñamos tener. Era el señor que contaba los mejores chistes, el que sabía tratar a todo el mundo, el adorable, el inteligente...

Sin embargo en casa la realidad que vivimos fue muy diferente. Él no gritaba, al menos durante mi infancia nunca trató de golpear a nadie. Hablaba bajito y no decía groserías. Pero todos los que vivimos con él fuimos víctimas del maltrato psicológico más brutal que existe. Mi madre, que otrora había sido la más bella de la cuadra, llegó a pesar 90 kilos y sufrió de un cuadro de disociación de la personalidad. Mi hermano mayor tocaba la guitarra 14 horas al día para no tener que salir al mundo, mientras tomaba dos litros de coca cola y fumaba 2 cajetillas de cigarros al día. Mi hermano el de en medio se metía toda droga que encontrara en su camino y yo tuve un serio problema de mitomanía infantil (es poco común que de en niños), fui abusada sexualmente en dos ocasiones, estuve a punto de suicidarme a los catorce, desarrollé anorexia y bulimia desde los 12, sufrí de bullying... es decir, tuve casi todos los problemas derivados del maltrato que un niño puede tener.

En casa todos sobrevivimos, algunos mejor que otros. Mamá se ha convertido en la mujer hermosa y cuerda que ha sido siempre, con una sabiduría que sólo la supervivencia puede dar. Yo no me volví loca porque siempre tuve la escritura de mi lado, y a los 18 años me alejé de todo ese sistema enfermo que sólo me hacía sentir miserable. Pero con el tiempo descubrimos que la peor parte del abuso infantil es aprender a vivir sin caer una y otra vez en relaciones destructivas.

"Edipo me jode" solía decir hace algunos años. En el amor mi vida ha sido un desastre, de un maltratador a otro, de una decepción a otra. Mis amistades, salvo algunas contadas y honrosas excepciones, también me hacían sentir infeliz. Era incapaz de estar con gente positiva, no sabía, nadie me había enseñado. Así que me hice un propósito: aprender todo de nuevo, NI UNO MÁS, me prometí a mí misma en mi cumpleaños 20. Ni un infierno más.
No ha sido un camino fácil. He leído, investigado, observado. Resulta que el cine está lleno de ejemplos de cómo logran los maltratadores ponernos bajo su pata. Y que a veces quedarse completamente solo es el primer paso para rodearse de gente que valga la pena. Hoy tengo pocos amigos y poca familia, pero todos me tratan bien. Papá está lejos, y aún no logro enamorarme de un hombre que no me lastime. Pero sé que voy a lograrlo.

Este blog lo abro para contarles cómo fue que conseguí volver el llanto pasado. Fuimos llanto, pero hoy somos sonrisas.